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Nueve Fábulas

1-      El Gato y el ratón viejo

 Eran muchos los ratones que cazaba cierto gato: pero al fin más advertidos aquellos, determinaron no bajar de los sitios altos y estarse siempre donde no pudiese alcanzarles su incansable enemigo.No desmayó por esto el gato, sino que, fingiéndose muerto, se colgó por los pies de un madero que había en la pared.-Es inútil que te hagas el mortecino –le dijo un ratón asomándose en su agujero-, porque conozco tus mañas y no pienso moverme de aquí.

 El varón prudente podrá ser engañado una sola vez porque luego no confiará más en falsas palabras.

2-      La zorra y el gato

Se alababa una zorra hablando con un gato, de que sabía mil medios distintos para preservar su vida, a lo cual contestaba el gato que no era tan sabio, pues sólo confiaba en su ligereza en trepar para salir de cualquier apuro.Aparecen en esto los perros, y el gato logró escaparse encaramándose a un árbol, pero la zorra, no pudiendo hacer lo mismo, cayó en poder de sus enemigos.

 Vale más saber una sola cosa que sea útil, que muchas que no sirven.

 3-      La gata convertida en mujer

 Tanto quería a una gata muy bella cierto joven, que pidió a Venus la convirtiese en mujer, y accediendo la diosa la transformó en una hermosa y elegante doncella.Casóse con ella el mancebo, y queriendo Venus probar si habiendo cambiado su forma se habían cambiado también, como era de suponer, sus costumbres, hizo que apareciese un ratón delante de la novia, que tan pronto como lo vio en medio de la sala, se olvidó de su nueva figura y se lanzó detrás de él para cogerle. Indignada, la diosa volvió a la transformada gata a su forma primitiva.

 Aunque se mude de condición y de estado, siempre se conservan las costumbres primitivas.

4-  El gato y los ratones (el ratón viejo)

Enterado un gato (Marramaquiz- Samaniego)de que en cierta casa vecina abundaban los ratones, encaminose a ella y en varias veces se engulló cuantos quiso. Los afligidos al ver que cada día faltaban algunos amigos, se dijeron en ratonil confianza:-  Puesto que todos vamos a perecer, cuerdo será quedarse cada uno en su escondrijo, que el gato, por salatarín que sea, no podrá llegar entonces hasta nosotros.Hiciéronlo así; pero el hambre, que es fecunda en recursos, sugirió al gato de atraérselos nuevamente, para lo cual, colgándose de un palo, fingióse muerto. Los ratoncillos más jóvenes comenzaron a sacar la cabeza, y aun a exponerse a salir, hasta que un ratón viejo (Roepan- Samaniego), que con astucia miraba al gato, exclamó:-  Muerto está, compañeros, pero por lo mismo que está muerto, quedémonos todavía aquí para no turbar el esposo de los difuntos.

Hay quien asegura que al gato se le bajó la sangre a la cabeza y se murió de veras.

 El varón prudente evitará ser engañado con astucias y dobleces.

La experiencia y la prudencia indican que la desconfianza es la madre de la seguridad.

5-  El gato y el ratón joven

Un ratoncillo sin experiencia, que había caído en poder de un gato viejo, imploraba la clemencia de éste entre otras cosas:-  ¡Perdomadme la vida por esta vez! Yo no puedo hacer daño alguno, puesto que con poca cosa me alimento. Esperad a que engorde, y entonces podré servir de merienda a vuestros hijos.-  ¡A mí me vienes con esas patrañas! – exclamó Micifuz- ¿No ves que soy ya gato viejo? Por mi parte, yo no te voy a perdonar. Y en cuanto a mis hijos, ya buscarán cuando necesiten.Y sin más explicaciones, devoró al Ratoncillo.

La juventud presume de alcanzarlo todo (o que todo lo consigue), y la vejez es inexorable.

6-  Los gatos y los ratones 

Allá en tiempos remotos, estalló feroz guerra entre gatos y ratones, fatal en la mayor parte de las batallas para los segundos. Mas como quiera que entre los ratones nadie confesaba que las derrotas eran debidas a debilidad o miedo, llegó a prevalecer la opinión de que el no ser conocidos los jefes en lo recio de la pelea contribuía a introducir el desorden en las batallas.Un ratón viejo aconsejó:- Debemos nombrar muchos generales y hacerles uniformes vistosos, con plumas y penachos en la cabeza, de esta suerte las tropas se agruparán alrededor de sus caudillos y todo el ratonil ejército se batirá como un solo hombre.Arregladas así las cosas, presentose nueva batalla a los Gatos. Pero éstos que, con la facilidad de siempre, arrollaron rápidamente a sus enemigos, no sólo los derrotaron como hasta entonces, sino que, persiguiendo a los que huían, pudieron comerse a todos los generales, porque el plumero les impidió ocultarse en sus ratoneras.

Cuantos hay que por culpa del plumero pagan no ya el delito de la cobardía, sino el necio pecado de la vanidad! 

7-  El cascabel del gato

Se dice que había en cierta casa un Gato tan activo y vigilante que no dejaba ni un momento de tranquilidad a los ratones. Y viendo éstos que su número disminuía considerablemente, resolvieron reunirse en asamblea, con el fin de hallar solución al difícil caso.Después de haberse discutido y desechado varios proyectos, habló un Ratón menudo y presuntuoso, y dijo que el gato hacía tantos estragos entre los ratones porque debido a la blandura de sus patas no se le oía llegar.- Yo creo -agregó- que si le pusiéramos un cascabel al cuello, éste nos avisaría su aproximación, y tendríamos tiempo de ocultarnos. Con tan sencillo expediente nos burlaríamos del Gato.Una salva de aplausos cubrió la voz del reformista, que ufano volvió a sentarse lleno de orgullo. Pero un ratón sesudo, que hasta entonces no había hecho más que oír y callar, tomó la palabra y dijo con voz grave:-  Amigos míos, ese proyecto me parece magnífico, pero ahora yo pregunto ¿quién va a encargarse de ponerle el cascabel al Gato?

Una cosa es la teoría y otra la práctica. 

      8- El águila, la gata y la jabalina

Una añosa y copuda encina daba cómodo albergue a un águila en su copa, a una gata  en mitad de su tronco y a una jabalina y sus lechones en el hueco de su raíz. Pacíficamente vivían las tres familias al abrigo del árbol, hasta  una mañana en que la gata, pérfida y astuta, subió hasta la copa y habló así al águila.-  En gran peligro estás, querida amiga. La jabalina no cesa de hozar en los terrenos que nos cercan, y presumo que se propone derribar nuestro árbol, para después comerse nuestros hijos cuando los halle en tierra. ¡ Hay que vivir vigilantes!Y mientras el águila quedaba suspensa con semejante revelación, la jabalina escuchaba de la Gata enredosa el siguiente chisme:- He hablado con el águila – le dijo -, y de sus palabras deduzco que acecha un momento en que te marches, para bajar y arrebatarte tus lechones. ¡Debes vivir con cautela! Aguila y Jabalina resolvieron, en vista de las circunstancias, no abandonar ni un solo instante sus casas respectivas. Y como no salían a buscar víveres, el terror maternal les costó la vida. Cuando murieron, la gata y sus hijos se deleitaron con los despojos de aquellos que dieron oídos  a cuentos de vencidad.

Las gentes que se dejan arrastrar a las disputas de los chismosos y demagogos son víctimas sin quererlo de su perversidad. 

9-      El Gato y los gorriones

Un gato y un gorrión trabaron estrecha amistad desde su más tierna infancia. Algunas veces, no obstante, incomodábase el segundo con el primero, pero el gato se limitaba a enseñar las uñas, y el asunto no tenía otras consecuencias.Ocurrió cierto día que el Gorrión trabó conocimiento con otro individuo de su especie. Y como ambos eran de carácter pendenciero, se acaloraron una vez y se batieron encarnizadamente. El amigo del Gato llevó la peor parte en aquella lucha, y ciego de cólera, rogó a su antiguo amigo que le vengaze. Hízolo así el Gato, echando la zarpa al Gorrión victorioso y engulléndoselo de dos bocados. Mas sucedió que al probar la carne de pajarillo, que olvidando por un momento los lazos y afectos de la infancia, se engulló seguidamente al gorrión amigo.

Parece que en esta fábula no se sugirió moraleja, así que cada lector puede sacar la conclusión que quiera, pero sería bueno pensar que:

 A veces es mejor no despertar algunos instintos que llevamos dentro.

Otra versión dice:

En cuestiones de familia no debe pedirse – a ser posible- la intervención de los extraños.

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La familia Chi-Yen tenía un gato maravilloso. Debido a que el señor Chi-Yen tenía al gato en tal alto aprecio, pensó llamarlo Tigre. Un vecino hizo notar: “El tigre es en verdad una feroz criatura, pero no es tan místico o cósmico como el dragón. Los gatos son místicos y cósmicos. Deberías cambiar su nombre a Dragón”.

Otro vecino miró al gato y dijo: “Sin duda el dragón es más místico que el tigre. Cuando vuela en el aire más alto, descansa sobre una nube. Esto seguramente significa que una nube es más poderosa que el dragón. Deberías cambiar su nombre a Nube”.

Pero los otros vecinos no estaban de acuerdo. Estaban dispuestos a añadir sus puntos de vista acerca del verdadero nombre del gato del señor Chi-Yen. Uno dijo: “Cuando las nubes oscuras se apoderan del firmamento, ¿quién las disipa? El viento. Deberías cambiar el nombre del gato a Viento”.

Un segundo vecino intercaló: “Desde luego, el viento es poderoso, pero cuando se alza una tormenta de viento, ¿dónde buscamos refugio? Tras los muros de nuestra casa. Los muros rechazan la furia del viento. De acuerdo con ello, deberías cambiar el nombre del gato por el de Muro”.

“No, no, no”, dijo otro. “Por supuesto, los muros son fuertes, nadie dice que no lo son, pero ni siquiera el muro más fuerte puede resistir los dientes roedores de la rata. Con seguridad el gato se debe llamar Rata”.

El señor Chi-Yen, que había estado escuchando con paciencia a todos sus vecinos, se puso de pie de repente cuando oyó ésto. “Desde luego! Ahora comprendo por qué el gato se llama Gato”.

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Gatos en Egipto

Los orígenes de los gatos datan de más de dos millones de años, pero su domesticación comenzó en Egipto hace aproximadamente seis mil años. Los egipcios descubrieron que el gato era un excelente depredador y representaba la mejor manera de librarse de los ratones que se habían convertido en un serio problema para los granos. Sin embargo, el gato en Egipto no fue un simple animal de compañía o una mascota, sino que alcanzó proporciones sagradas. Según la mitología de este pueblo, su dios, Ra, cansado de la rebelión de los hombres, envió a su hija Sekhnet, en forma de leona para que los controlara, pero ella decidió asesinarlos. A Ra no le gustó el comportamiento de su hija y envió a Onuris quién la amansó y la convirtió en Bastet. Bastet diosa de gran bondad, personificaba la maternidad, la música, la danza y la alegría y se representaba como una elegante y estilizada mujer con cabeza de gata. A partir del surgimiento de esta diosa, el gato se volvió un animal sagrado, las leyes lo protegían y la religión los veneraba. Se les trataba como un miembro más de la familia; si el gato moría, debía guardarse luto, de ahí que se hayan encontrado grandes cantidades de momias de gatos en excavaciones arqueológicas.

Gato con mp4

Gato intelectual

Amor maternal